Hago tiempo. En la cama me espera tu olor, impaciente por hacerme sufrir como diariamente se ha acostumbrado a hacer. Llega la hora, no aguanto más. Incluso a veces tu olor me hace sentir bien, segura, me hace pensar que aun tienes que volver de algún sitio. Pero no, no vas a volver. Y ya no quiero que vuelvas. Sé que descubriré otro olor y ese, se quedará para siempre.